jueves 16 de abril de 2009

La abuela viejiña

Yo tuve bisabuela. Como no me documento debidamente para echar el ratito dándole a la tecla no sabría decir hasta qué edad, pero lo suficiente para recordarla. Con las anécdotas de la niñez nunca se sabe porque los recuerdos se funden indefectiblemente con las historias tantas veces escuchadas y todo se confunde. Pero la recuerdo. Una uvita pasa muy chiquita que suspiraba resignada. Me cuentan que nunca entendió lo que era la tele. Aquel cacharro la pilló ya con la cabecita del revés y creo que cada vez que veía un anuncio de Soberano que acostumbraba a repetirse una y otra vez, discurría la abuela viejiña: "Cómo non vai ir mal o pais... ese home ven tódolos días, bota una copiña e marcha de seguido."

viernes 3 de abril de 2009

Mala, malísima

Se dudó más de una vez durante mi tierna infancia de mi estado psíquico, de pura maldad parecía que me faltase o sobrase algún tornillo en la cabeza. Fui después creciendo y las dudas se disiparon (si no del todo, en su mayoría) y aunque de vez en cuando a mi madre le aflore alguna que otra creo que los que me rodean se atreverían a afirmar que estoy cuerda.
De entre las travesuras que más veces he oído relatar a mi madre os contaré hoy una que padeció mi, por aquel entonces, sometida hermana. El caso es que ni corta ni perezosa en un descuido de mi abuela corrí a la cocina a por las tijeras del pescado y me fui a por ella. La senté en el suelo y tumbé un carrito de las muñecas a mi lado. Había decidido que aquella tarde se jugaba a las peluquerías y tenía claro quién era la estilista. La amenacé con cortarle una oreja si se quejaba o se movía y a puro trasquilón la dejé como peor supe.
Hay muchas fotos en mi casa que testimonian que a los cuatro años no se puede dar rienda suelta a la creatividad infantil y da una pena atroz vernos a mi hermana y a mí sonrientes las dos, yo con mi melena impoluta y ella a mi ladito con aquella cabecita pelada a bocados.
No puedo más que alegrarme de que Lindoro, no hubiera tenido trato mercantil alguno con Herodes en aquel entonces porque me sé de una, que sin duda, no habría llegado a cumplir los cinco.

miércoles 18 de marzo de 2009

Hurto con tintes de tragedia

Tuvimos mi hermana y yo una época muy divertida ya en la madurez en la que recuperamos el gusto de salir por la noche con frecuencia y la verdad es que lo pasamos pipa. Un año del que guardo recuerdos memorables. Fue entonces cuando ella conoció al que hoy es su marido (algún día os lo presentaré porque es un tío que merece post aparte, varias veces me puesto a ello, lo tengo en mis pendientes) y yo salía con un amigo de él que también merecería post aparte, francamente.

Solíamos ir al Tex-Mex los cuatro y luego ellos nos dejaban en nuestro piso de Moncloa (mi ligue tenía coche) para irse cada uno a su casa. El caso es que una de tantas noches, en pleno mes de enero, a mí me robaron el abrigo y con él se llevaron el dinero y las llaves. Sólo nos quedaba una moneda de quinientas pesetas y un abrigo para dos, ¿qué os parece? Ni móviles, ni dinero para irnos a un hotel ni, francamente mucha imaginación en tales circunstancias. Decidimos emplear el dinero en una única llamada, no nos costó decidirnos. En la cabina había una pegatina de un cerrajero 24 horas que nos contestó muy amable él, que hasta las nueve de la mañana no contásemos con sus servicios... en fin, no estaban los ánimos para tratar de explicarle a aquel señor que la publicidad engañosa es un delito y que hay cosas con las que no se juega. Francamente. No jodas.


Se nos ocurrió entonces ir a tocar el timbre a una amiga mía que vivía por allí cerca y que no creáis que no nos oyó o no estaba en casa, no. No nos abrió la puerta porque le dimos miedo. ¿Cómo se os queda el cuerpo? En nuestro descargo diré que no nos vio, desde la cama calentita ella escuchó el timbre y pensó que nadie sano podía estar llamando a su puerta a aquellas horas.


Entonces nos fuimos al portal de nuestra casa y allí nos quedamos, muertas de frío decidiendo la duración de los turnos de abrigo por el tono de los labios de la una y la otra ("Tía, póntelo tú un rato que los tienes morados, morados") y soñando con un chocolate calentito hasta que se hizo de día. El portero de la finca en chándal y recordándonos que era su día libre se apiadó de nosotras y se acercó a por el juego de llaves de nuestra casa salvándonos con cierta displicencia, la vida.


Otro día os contaré la noche que nos arreglamos para ir a una fiesta del novato en un Colegio Mayor (es lo que tiene vivir en Moncloa, que uno se desubica fácilmente) o cuando un amigo de mi cuñado trató de ligar conmigo probándose mis botines y terminó olvidándose el jersey en casa que lanzamos por la ventana quedándose colgado de un árbol que conseguimos por fin alcanzar aún arriesgando nuestra integridad física, o de la pobre Fuencisla, o de mi churri el parquetero y su amigo arapahoe. Cuanto más la recuerdo más convencida estoy de que fue una de las épocas más divertidas y surrealistas de mi vida.

martes 17 de marzo de 2009

Obsesión

Ya de pequeña me costaba, con frecuencia, conciliar el sueño. Preguntaba a mi madre si existía alguna forma de invocarlo y caer rendida a sus pies en cuanto asomase por la esquina de mi cama y ella me decía: "Trata de no pensar en nada".
Lo más parecido a aquello que yo podía imaginar era una hoja en blanco y recuerdo cuánto me esforzaba pero nada... inútil era el deseo. Y cuanto más lo intentaba más detalles adquiría aquella maldita hoja: que si blanca, color hueso, blanco roto, marfil, de papel liso, con rayas, a cuadros...
Terminaba arrugándola con rabia y lanzándola rebotaba en cualquier esquina y una vez más mi mente se desbocaba y de nuevo tiraba de las bridas de mi conciencia en vano y trataba de volver a imaginar una hoja de papel en blanco: que si blanca, color hueso, blanco roto, marfil, de papel liso...
Recupero hoy la táctica fallida. De nada sirve. Una y otra vez mi mente se dispara y soy incapaz de conciliar mi sueño.

lunes 16 de marzo de 2009

Bruselas

En segundo de mi segunda carrera me fui de Erasmus a Bruselas. Nos fuimos mi amiga Xoubiña y yo. Ella llegó antes y me consiguió un apartamentito frente al suyo en un edificio muy céntrico y muy curioso en el que cada inquilino disfrutábamos de nuestra habitación y nuestro baño (todo muy nuevecito y muy chulo, pequeñito, pero muy chulo). Poco que contar de aquella etapa salvo que me sentí tan sola, tan sola, tan sola que frecuentaba la farmacia con cualquier pretexto (¿sabéis lo de que "en caso de duda consulte a su farmacéutico"? Pues nunca nadie lo ha llevado tan al extremo como yo entonces) sólo porque aquel señor era de verbo fácil, paciente como nadie y francófono. También merece la pena que os comente que allí me enamoré de Magritte, repudié a Tin-Tin, me rondó la anorexia, salvé la vida a un perro salchicha y descubrí que los cielos de las ciudades vienen a distintas alturas. El de Bruselas, francamente, demasiado bajo para mí.

viernes 13 de marzo de 2009

BASTA DE GATOS

Ella, siempre por libre... la verdad es que como bonita, es la más bonita...
No sé por qué se le cambiaron de color los ojillos, ¡molaban más azules!

Amor a primera vista

Con Puka imposible conseguir nada parecido...